Debe saber que la quieren por completo, incondicionalmente y
en todo momento.
Debe saber que está a salvo y debe saber cómo mantenerse a
salvo en lugares públicos, con otra gente y en distintas situaciones. Debe
saber que tiene que fiarse de su instinto cuando conozca a alguien y que nunca
tiene que hacer algo que no le parezca apropiado, se lo pida quien se lo pida.
Debe conocer sus derechos y que su familia siempre le va a apoyar.
Debe saber reír, hacer el tonto, ser gamberro y utilizar su
imaginación. Debe saber que nunca pasa nada por pintar el cielo de color
naranja o dibujar gatos con seis patas.
Debe saber lo que le gusta y tener la seguridad de que se le va a dejar dedicarse a ello. Si no le apetece nada aprender los números, sus padres tienen que darse cuenta de que ya los aprenderá, casi sin querer, y dejar que en cambio se dedique a las naves espaciales, los dinosaurios, a dibujar o a jugar en el barro.
Debe saber que el mundo es mágico y ella también. Debe saber
que es fantástica, lista, creativa, compasiva y maravillosa. Debe saber que
pasar el día al aire libre haciendo collares de flores, pasteles de barro y
casitas de cuentos de hadas es tan importante como practicar la fonética. Mejor
dicho, mucho más.
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